En un mundo saturado de pantallas, redes sociales, noticias virales y flujos constantes de información, comunicar sobre salud mental exige responsabilidad, rigor y sensibilidad. No se trata solo de una cuestión ética que apela directamente al periodista como emisor de la información; es también una obligación moral del comunicador, porque una mala praxis va a perpetuar lo estigmas asociados a la enfermedad mental y puede causar un daño real. Con las recomendaciones de organismos plurinacionales especializados en salud y de asociaciones de periodistas de todo el mundo, en 3AW hemos elaborado esta guía práctica para ayudar a los comunicadores a abordar estos temas con precisión, honestidad y delicadeza.
Usa un lenguaje cuidadoso para evitar estigmas
Evita expresiones que criminalicen o patologicen al enfermo mental, como loco, suicida o trastornado. Prescinde también de metáforas que generen miedo o que incorporen los términos lucha o batalla. Elige en su lugar términos más respetosos: persona con tendencias suicidas en lugar de suicida o mujer con esquizofrenia en vez de esquizofrénica. Salvo cuando esté clínicamente justificado, sustituye el término enfermo mental por persona con un trastorno de salud mental. En caso de duda, consulta la Guía de estilo sobre salud mental para medios de comunicación de la Confederación Salud Mental España.
Emplea fuentes fiables y ofrece información contextualizada
Verifica cada dato con fuentes veraces y contrastadas (informes de la OMS, de organizaciones médicas, universidades, asociaciones de psiquiatría, reputados especialistas) y nunca aportes estadísticas descontextualizadas, porque presentar datos sin la información necesaria para entenderlos completamente puede llevar a una mala interpretación.
Evita el sensacionalismo, el alarmismo y la sobreexposición
No dramatices ni utilices titulares exagerados y huye del ‘clickbait’, porque el sensacionalismo puede aumentar la ansiedad e inducir un efecto de imitación, especialmente en temas de suicidio. En esos casos, la OMS y la American Foundation for Suicide Prevention (AFSP) recomiendan no publicar detalles explícitos del caso ni hablar del método utilizado. Y antes de compartir historias personales crudas o detalles sórdidos, piensa siempre si esa información la haces solo para impactar o tiene un carácter empático, informativo y educativo.
Incluye recursos y rutas de ayuda en tus informaciones
Siempre que sea posible, añade al final de tus artículos información sobre líneas de ayuda, servicios de salud mental locales, asociaciones o grupos de ayuda.
Aplica siempre el sentido común y la sensibilidad cuando de dirijas a jóvenes
Siempre que te dirijas a menores de edad, especialmente en el caso de los contenidos digitales enfocados hacia ellos, utiliza un lenguaje apropiado a su edad, incorpora en el texto mensajes que promuevan la búsqueda de ayuda y evita contenidos que los puedan desbordar emocionalmente, como recomienda la OMS. También tienes que tener en cuenta las particularidades de los grupos de población a los que puede llegar la información, porque la enfermedad mental, la culpa, la vergüenza o los roles sociales se interpretan distinto según la cultura y la edad del receptor.
Verifica bien las fuentes, sobre todo si son digitales
La desinformación sobre salud mental prolifera en las redes. Eso obliga al periodista a verificar cualquier dato antes de compartir, comprobar el origen de la información y hasta la reputación de quien lo publica. Considera también el formato que utilizas para lanzar información en redes sociales: los memes, reels y los vídeos de TikTok son formatos potentes y muy virales, pero simplifican el mensaje y lo distorsionan. Para tratar temas de salud mental es preferible utilizar formatos con un enfoque más informativo, como entrevistas con expertos y testimonios reales, y huir de quienes propagan discursos de odio o estigmatizantes.
Comunicar sobre bienestar y salud mental en la era digital requiere algo más que buenas intenciones: exige precisión, sensibilidad, ética, y conciencia del impacto que puedes provocar en audiencias vulnerables. Pero si adoptas ciertas prácticas éticas y de sentido común en tus informaciones periodísticas (usar un lenguaje consciente preciso, aportar solo información contrastada y contextualizada, e incluir testimonios de especialistas y recursos de ayuda) contribuirás a una comunicación más responsable y sana.


